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Friburgo es la puerta de entrada al sur de la Selva Negra, centro de la viticultura y de la vida cultural. Gracias a la alegre mentalidad alemana, esa mezcla se convierte en una ciudad llena de vitalidad y alegría. Aquí se encuentran los viñedos Kaiserstuhl, la famosa Catedral de Friburgo con la "torre más bella de la Cristiandad" y aquí los pequeños canales siguen surcando las calles de la ciudad vieja, adornados por mosaicos de cantos del Rin. Justo ante la ciudad se extiende el romántico valle "Höllental".
La ciudad tiene cerca de 200.000 habitantes, pero no resulta agobiante su vida urbana, por la que es sumamente atractivo el paseo.
Aspectos como el mercado artesanal que sigue reuniéndose en torno a la catedral, y donde se venden artículos de madera, miel, conservas y frutas, contribuyen a dar una imagen plácida de la ciudad, donde se goza del pasado sin perder el presente.
El clima húmedo de la Selva Negra genera una abundancia de aguas que discurren rumorosas por pequeños regueros a cielo abierto a lo largo de las calles del centro ciudadano.
Los novecientos años de historia permiten a Friburgo disfrutar de un buen patrimonio artístico en el que destaca de forma especial la catedral y su aguda flecha que preside la vida urbana.
No se puede decir que se trate de una ciudad cuajada de edificios sorprendentes. Ninguno de ellos es excepcional. Pero el conjunto es armonioso y bello. La ciudad respira dulzor de vida.
Los elementos más importantes de la urbe están recogidos en un cuadrado enmarcado por las siguientes calles: Werderring, Rotteckring, Friedrichring, Leopoldring, Schlosberring, Rempartstrase y Wallstrase.
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